NOS QUEDA LA POESÍA. Por JUANA VÁZQUEZ
Doctora en Filología, Periodista y Escritora 31-12-2002 08:44:42 Periódico: ABC
La poesía durante milenios ha permanecido al acecho del lado oscuro del hombre. Silenciosa, huyendo de los vendedores de certezas, es el último reducto espiritual que nos queda en este mundo materialista del dios mercado, con las diosas de la oferta y la demanda. (Ningún poeta se ha hecho rico a través de su poesía). Cautelosa, tantea la cueva de la palabra, los ángulos de la existencia y mira al trasluz la realidad. Intermediaria de esas voces que se agitan en el interior del poeta, que escribe como un flujo inevitable (ser poeta es una condición, un estado de ánimo, no una profesión) intenta descifrar los códigos de la vida, en un mundo que busca «el orden» dentro del desorden más caótico y grotesco, que se basa en que unos cuantos se repartan entre ellos la verdad, la inteligencia y el bien, para hacer cargar a todos los demás con el sambenito de la mentira, la cerrazón mental, y el mal: Buenos y malos, listos y tontos, que indefectiblemente, ¡qué casualidad!, se relacionan con ricos y pobres. En este aspecto a la poesía se le podrían aplicar las palabras de Adorno: es la magia liberada de la mentira de ser verdad.
Profeta de utopías de enigmas y sortilegios, se quiebra en los períodos materialistas, cuando el significado se intercambia con el objeto y pierde su sentido mítico. Entonces languidece con conceptos quebradizos y pusilánimes quedándose en la superficie del hombre y las cosas, superficie que esconde la penumbra de los gemidos, y miserias de aquellos que no tienen voz.
Hoy la poesía está enferma, pues la palabra se ha prostituido y evita reflejar los muros de sombra en donde la vida se atropella. Y es que «los versos más tristes esta noche» de nuestro tiempo, no son que «el cielo está estrellado» ni que «titilan las estrellas a los lejos». Hoy los versos más tristes y auténticos están cuarteados en los medios de comunicación, en un espacio que no es el poema, en donde la gente vive a trozos, y muere, en muchas ocasiones, tan sola que ni siquiera le acompaña la palabra muerte. Son simplemente «los representantes de efectos colaterales»... y ahí es donde el dolor se hace verso-gemido y cruza el universo en puente de bruma, y llega a nuestros ojos y oídos, cuando sentados cómodamente a la mesa, dándole ya a la cuchara, ya al tenedor, miramos indiferentes las «noticias».
Si la palabra ya no puede ser, como en un principio, creadora de nuevas teofanías, ni de mitos, si quedó atrás su urdidumbre teologal, hoy la palabra poética desacralizada, si no quiere verse derribada por el número, debe construir el territorio lírico del otro lado del poema, buscando en los suburbios del diccionario palabras con que perfilar un nuevo espacio, en donde habite la solidaridad con los desheredados, los tristes, los míseros, un mundo liberado «de la mentira de ser verdad», de la mentira de ser el único posible.
Hay que subvertir toda objetividad dolorosa de la realidad a través del poema, sacudiendo las raíces hasta dejar fuera las semillas de las flores-palabras. Aquellas hechas para adornar o tapar el basurero del día a día en «bonitos», superficiales, incomprensibles o «modernos» poemarios.
El poema fuera de la teofanía, el mito, y el afán de modernidad, equilibrará la realidad buscando la rima de los hechos, armonizando el caos de lo grotesco, doloroso e injusto, encontrando en fin, el ritmo de una mirada del mundo que cree la cadencia del «nosotros», integrando la diversidad, como algo enriquecedor y afín con nuestra naturaleza.
De esta forma el poema cumplirá su misión: señalar al mundo dentro de la realidad actual, encontrar la simetría de lo desequilibrado, despertar conciencias para hacer bello lo terrible, buscar el equilibrio de lo irracional, para que nos conduzca hacia la integración de lo diverso, «del otro». Debemos representar la cara oculta de nuestra época, pues ahí está el origen de la condición humana, que es social, aunque vivamos en un tiempo de individualismo feroz, de «yo me mi conmigo»...
Por todo eso, congratulémonos, pues, a pesar de todo, nos queda, la «poesía».
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Por lobogabriel - 2 de Agosto, 2008, 6:28, Categoría: lecturas
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